sábado, 25 de febrero de 2017

Infidelidad

Infidelidad y política sexual
Ismael Ledesma Mateos

En la vida cotidiana un fenómeno importante es el de la infidelidad en las relaciones de pareja. En realidad tendría que considerarse como algo normal, inherente a la condición humana que, por razones históricas, sociales y culturales ha impuesto en las mentes la idea de la fidelidad, como si fuéramos una especie monógama o monoándrica por naturaleza, lo cual es absolutamente falso.


El Padre Ubú por su ambición fue sin duda fiel a la Madre Ubú, en los tiempos que estuvo en el poder, aunque no sé antes de ello. Elementos como la codicia y la avaricia son capaces de generar vínculos que mantienen estable una relación de pareja, pero entre más sensible sea un sujeto, será más proclive a la infidelidad. La historia y la literatura están llenas de ejemplos de ello, y en este momento me viene a la mente un anuncio de Canal 11, que se refiere a Las seis reinas de Enrique VIII, monarca que de ninguna manera fue fiel.

¿Cuál es la relación entre el amor y la fidelidad? Se trata de un asunto por demás complejo, donde deben de ser valoradas las características particulares de cada individuo; no pueden hacerse de ninguna manera generalizaciones al respecto ni podemos hablar de patrones universales. Además de que habría de distinguirse el amor de los intereses materiales vinculados con una relación de pareja. En nuestros tiempos sería pertinente reflexionar acerca de estas cuestiones y valorarlas con otros ojos.

La idea de abordar el tema fue consecuencia de un programa de Diálogos en Confianza que vi la semana pasada en Canal 11, donde se trató de una manera que no me dejó satisfecho, pues los panelistas no incidieron en facetas que a mi juicio son determinantes del fenómeno, tales como las historias de vida personales, el narcisismo o los valores propios de cada individuo, además de lo que yo llamo la economía política de la pareja y lo que, siguiendo el título del libro de Kate Millett, es la Política sexual (1970), que en la parte que aborda la “Teoría de la política sexual” considera aspectos ideológicos, aspectos biológicos, aspectos sociológicos —que incluyen la influencia de la clase social—, aspectos económicos y educacionales, aspectos antropológicos, como el mito y la religión y, por supuesto, aspectos psicológicos.

Es interesante que los testimonios de gratitud con los que esta autora da inicio al libro sean a Sigmund Freud, David H. Lawrence, Norman Mailer, Erik Erikson, Orville G. Brim Jr., Jean-Paul Sartre, Jean Genet y Henry Miller, autores que analizó para la realización de la obra que aborda el tortuoso problema de las relaciones interpersonales y la sexualidad, algo que no puede perderse de vista cuando se habla del asunto de la infidelidad, que no puede ser un asunto de adjetivación o de “cuernos”.

Me viene a la mente otra infidelidad emblemática, la del presidente estadunidense Bill Clinton, que fue plenamente comprendida y tolerada por su esposa Hillary, que llegó a decir que se debía a su infancia, pues él se crió con mujeres y eso lo volvía débil ante la situación de estar con ellas, pues le eran indispensables. Algo similar a lo que le ocurre a una persona que yo conozco, a la que una de sus tesistas le dijo: “Es que usted no puede vivir si no está rodeado de estrógenos”.

Entonces, ¿cómo pedirle a un persona que sea fiel? Recuerdo la anécdota de una gran investigadora que en un congreso le dijo a un colega —que fue mi maestro—: “¡Yo soy razonablemente fiel!” Me parece ¡una afirmación genial!, y los congresos científicos ¡vaya que son espacios perfectamente propicios para la infidelidad!, donde se encuentran amigos, que tal vez no se veían desde muchos años y con los cuales se dio una atracción o una relación amorosa cuando eran jóvenes y de pronto ya adultos y casados, incluso fastidiados y aburridos por la vida con su pareja, encuentran un amor del pasado, y pues “la ocasión hace al ladrón”. Cuando era yo muy joven, estudiante de la carrera, fui a Puebla a un congreso que se efectuó en el Edificio Carolino y vi a una bella investigadora de la UNAM, iniciando una infidelidad en las escaleras que conducen al Salón Barroco, besándose con alguien que no era su marido. Creo que fue una lección vivencial, que por ello recuerdo.

Y qué decir de uno de los filósofos determinantes de mi vida, Jean-Paul Sartre, que desde los inicios de su relación con Simone de Beauvoir le declaró con rigurosidad que ella, como filósofa, sabe la diferencia entre “lo necesario” y “lo contingente”, para decir a continuación: “pues nuestro amor es necesario, pero también puedo tener amores contingentes”. Y la historia de su bella relación es ésa, de infidelidades continuas, que aumentaron cuando Sartre ya era Sartre y eso, a pesar de su fealdad física, le permitía ser extremadamente atractivo a muchas bellas mujeres, de lo cual Simone sabía y toleró, hasta que encontró otro intenso amor (además de que ella también tuvo amores contingentes).

Me parece importante y nada trivial abordar estas cuestiones y no centrarse sólo en aspectos psicologistas, que en el fondo no dejan nada bueno. Deberíamos pensar también cuando se habla de estas cosas en Friederich Engels con su obra El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, donde plantea que en el fondo de todo la familia monogámica obedece a la necesidad de preservar el derecho de herencia y garantizar que los hijos de un propietario sean realmente suyos y no de otros que hayan preñado a su esposa, lo cual nos remite al asunto de lo que llamo “la economía política de la fidelidad”. Como se ve, no se trata de un asunto “de amor” y de ninguna manera la infidelidad implica desamor. Además de que “la monogamia es un crimen”.

Herrschaft, es el término que de acuerdo con Max Weber nos da cuenta de las relaciones de dominio y subordinación, y ello no debe tampoco perderse de vista en una relación de pareja, donde la fidelidad implicaría eso. Kate Millett escribe. “utilizo la palabra ‘política’ al referirme a los sexos, porque subraya la naturaleza de la situación recíproca que éstos han ocupado en el transcurso de la historia, y siguen ocupando en la actualidad. Resulta aconsejable, y hoy en día casi imperativo, desarrollar una psicología y una filosofía de las relaciones de poder que traspasen los límites teóricos proporcionados por nuestra política tradicional. De hecho, es imprescindible concebir una teoría política que estudie las relaciones de poder en un terreno menos habitual al que estamos acostumbrados. Me ha parecido, por tanto, pertinente analizar tales relaciones en función del contacto y de la interacción personal que surge entre los miembros de determinados grupos coherentes y claramente delimitados: las razas, las clases y los sexos”.

Las costumbres sexuales, maritales o de pareja implican todo lo anterior, desde un noviazgo o amasiato, hasta el matrimonio o la unión libre, todo sin lugar a dudas es política, lo que muchos pueden creer ingenuamente que no invade la vida cotidiana, pero que está en todos lados. De acuerdo con Hannah Arendt, “el gobierno se asienta sobre el poder, que puede estar respaldado por el consenso o impuesto por la violencia”. El primer paso, como dice Millett, “equivale al condicionamiento a determinada ideología” y ello también se impone en la política sexual. Yo recuerdo en mis épocas de preparatoriano cómo discutía con un compañero en las escaleras de la Escuela de Filosofía y Letras de la UAP, que me decía que “para casarse quería a una mujer virgen”; y yo le dije: “si el día de tu boda quieres romper algo, pues cómprate un jarrito, lo tiras al piso y punto”, pero eso nos da cuenta del peso de la ideología, que va ligado también al asunto de la fidelidad e infidelidad.

El Padre Ubú pensaría que estas disertaciones carecen de sentido y que lo único importante es la recaudación de impuestos, y entonces, como “Señor de las Phinanzas” pensaría en un impuesto oneroso a la infidelidad, para así tener una mayor recaudación para las arcas —que al final esperaba terminaran en sus bolsillos—, pero afortunadamente no pasó y espero que en México a nadie se le ocurra eso en el SAT, pues yo deseo “Un México siempre infiel”.

Aunque sí espero fidelidad a e-consulta y sobre todo a Consutario…

¡Vamos a interrumpir aquí!

ubu.mexicano@gmail.con

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