martes, 12 de febrero de 2013

Travestismo


El travestismo o transvestismo es una identidad transgénero en la que una persona de determinado género biológico acostumbra utilizar la vestimenta socialmente asignada al género opuesto (cross-dressing o crossdressing). 

El travestismo puede implicar un deseo transexual del individuo en que desea que se le reconozca como una persona del género opuesto en la que su identidad de género es discordante a su género biológico.
El travestismo puede presentarse en personas de diferentes orientaciones sexuales y por diversos motivos como la infiltración, las representaciones dramáticas, el entretenimiento, el transformismo, la adaptación social y como fetichismo.

El cross-dressing es un tema abordado frecuentemente en varios géneros dramáticos para la representación artística de personajes; cuando una persona adopta por motivos artísticos la actitud y manerismos de un personaje, éste se convierte en transformismo. El drag es un tipo de transformismo en el que se practica el cross-dressing con motivos satíricos. El travestismo como un fetiche o parafilia sexual es conocido como fetichismo travestista y descrito en el "Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales".

La principal diferencia entre el transvestismo y la transexualidad es que en el primero la discordancia existe entre el género y los roles sociales asignados a cada género (discordancia del cisgénero), mientras que en la transexualidad, existe una discordancia entre la identidad de género propia y el género biológico.
Origen del término
La palabra travestismo4 es una alteración o adaptación hispana de la palabra transvestite. La palabra transvestite fue creada por el médico, sexólogo y activista alemán Magnus Hirschfeld, quien la incluyó por primera vez en su obra de 1910, Die Transvestiten: eine Untersuchung über den erotischen Verkleidungstrieb (Los travestidos: una investigación del deseo erótico por disfrazarse). Etimológicamente la palabra proviene del latín trans, "cruzar" o "sobrepasar", y vestite, vestire o vestitus, "vestir". El término sirvió para describir a personas que voluntariamente utilizaban vestimentas socialmente asignadas al género opuesto.

En idioma español existe un antecedente previo del uso de un término semejante, empleado para referirse a un hombre y una mujer con ropajes intercambiados. En La Guerra de Chile, un poema épico anónimo de principios del siglo XVII, se relata que una mujer mapuche fue a visitar a su marido, preso de los conquistadores españoles, y que se intercambiaron ropas: él quedó como un nuevo Aquiles trasvestido y de este modo consiguió escapar mientras su mujer quedaba prisionera.

El término ya existía en inglés (travesty) antes de su establecimiento para referirse a este tipo de comportamiento, pero se utilizaba para referirse al subgénero dramático del burlesque victoriano, el travesty (posible origen etimológico italiano o francés). El travesty es un tipo de burlesque que ridiculiza de manera trivial o cruda los temas socialmente dignificados. En las representaciones dramáticas del travesty era común la ridiculización de los preceptos de la etiqueta social y el comportamiento de la aristocracia, por lo que frecuentemente se recurría al cross-dressing y al drag para lograr una completa sátira del tema.
Antes del establecimiento del término se utilizaban otros similares para referirse al cisgénero discordante presente en las personas. Entre los más comunes se encontraban los términos utilizados como peyorativos que referían al afeminamiento o la masculinización y otros términos como: ginomanía, andromanía, fetichismo de afeminamiento/fetichismo de masculinización y hermafroditismo físico.

Historia
El travestismo y otras identidades trangénero (cross-dressing y drag) han estado presentes en diferentes aspectos mitológicos en diferentes culturas antiguas. Un ejemplo de la [[Grecia cultura griega cuenta la anécdota en la que Thetis, madre de Aquiles, escondió a su hijo vistiéndolo de mujer para evitar que fuese enlistado para el servicio militar de Odiseo en la Guerra de Troya.

El transvestismo también se presenta en diversos relatos folklóricos como Hua Mulan, balada china que cuenta la historia de una mujer que se enlista en el ejército haciéndose pasar por hombre. El transvestismo se considera una abominación en la percepción bíblica, donde dice que un hombre no debe usar los ropajes que le corresponden a una mujer y viceversa, de manera que se cometa una rebelión o irrespeto contra lo que Dios designó en las personas (se refiere a la percepción discordante del género biológico).

Existen diferentes personajes históricos que han transgredido las normas sociales convencionales al recurrir al cross-dressing y al transvestismo. Una historia cuenta el proceso en el que una mujer, la Papisa Juana, se convierte en el primer pontífice femenino cuando engaña a la iglesia al disfrazarse de hombre para ser electa para el Papado. En tiempos de la Edad Media existieron otros personajes que recurrieron al cross-dressing para evadir las normas sociales como Juana de Arco, Catalina de Erauso y Sor Juana Inés de la Cruz. Juana de Arco fue el primer líder militar femenino en Francia en la Guerra de los Cien Años y fue ejecutada por una corte católica, que declaró que merecía la hoguera por herejía y por haber tomado un papel exclusivamente masculino. En el caso de Catalina de Euraso, se disfrazó de un hombre para escapar de un convento, luego se convirtió en exploradora. Y Sor Juana Inés de la Cruz se vistió de hombre porque en la universidad no se aceptaban mujeres.
En el siglo XVIII los género dramáticos incluían la participación de miembros del elenco masculino que se disfrazaban de personajes femeninos o viceversa. En la Comedia de la Restauración y el teatro kabuki eran frecuentes en el elenco los actores transvestidos. Algunos cross-dressers en el siglo XVIII fueron: las piratas Anne Bonny y Mary Read, la militar Ulrika Eleonora Stålhammar, Bonnie Prince Charlie, el actor de comedia de Restauración Edward Kynaston y la marina/marino Hannah Snell.

En el siglo XIX y en el XX, el cross-dressing se convirtió en un elemento importante en diversos espectáculos de variedad del show business. Un elenco de determinado género se presentaba como un grupo de personajes del género contrario que se concentraban en espectáculos de burlesque, minstrel, vaudeville y revue. En tiempos de la Guerra de Secesión, la Primera Guerra Mundial se registraron algunas mujeres que combatieron disfrazadas de hombres. Algunos cross-dressers del siglo XIX y el siglo XX incluyen a: Chevaler d'Eon, George Sand, Dorothy Lawrence, Nellie Farren, Marlene Dietrich y Billy Tipton.
[editar]Cross-dressing

El cross-dressing o crossdressing es la práctica en la que se utiliza la vestimenta socialmente asignada al género opuesto. El cross-dressing tiene diversos motivos, pero no tiene un motivo específico. El cross-dressing es estereotípicamente y erróneamente asociado como una conducta transexual u homosexual, y es posible que se presente en cualquier orientación sexual y no necesariamente en referencia a un género u orientación específica. El cross-dressing se manifiesta con mayor frecuencia entre hombres heterosexuales.

El cross-dressing ha tenido diversos propósitos a lo largo de la historia, y ha sido principalmente un método de rebelión en el que se transgredían los preceptos sociales tradicionales religiosos, militares y educativos. El cross-dressing fue determinante en el desarrollo de la igualdad de género, y se ha presentado en diferentes íconos históricos que lucharon por obtener la ventajas sociales que le eran proporcionadas al género opuesto. El cross-dressing sirve como elemento artístico y en algunos casos como identidad sexual.


Características
Los travestis son personas que adoptan características físicas y psicológicas propias del sexo opuesto, es decir, en ocasiones adoptan las vestimentas y actitudes convencionalmente designadas y utilizadas por el sexo opuesto. La persona no se siente satisfecha desempeñando exclusivamente el género asignado a su sexo, y le gusta representar ambos géneros.

Los travestidos, a pesar de sentirse bien con el sexo que nacieron y no tener especial problema con su género, sienten una peculiar satisfacción al escenificar al sexo opuesto. Se considera que los travestidos son personas que padecen cierto grado de disforia de género, lo que hace que acaparar el género opuesto les resulte atractivo.

Es importante matizar que, comúnmente, estas personas aceptan su sexo y su identidad sexual biológica y no tienen conflicto con su cuerpo y genitales. A diferencia del transexual, no se sienten presos en un cuerpo equivocado. Los travestis visten con ropas impropias de su sexo, con el objetivo de transgredir normas sociales, y por añadir matices y ampliar su género e identidad sexual. En definitiva, les gusta ser flexibles para adoptar indistintamente los géneros masculino y femenino. El travestismo siempre supone, para quien lo realiza, un acto de transgresión.

Algunos autores consideran que toda mujer que se viste de varón es transexual, no travesti, porque lo que caracteriza al travesti varón es la excitación sexual que le provoca el hecho de vestirse de mujer y la mirada del otro ante la revelación de lo que oculta bajo sus ropas mientras que en el caso de las mujeres que se visten de varón esto no ocurre. La mujer no sólo no se excita sino que se avergüenza si se descubre su identidad femenina.

Travestismo, transgénero o cross-dressing

Existen desacuerdos sobre la neutralidad en el punto de vista de la versión actual de este artículo o sección.
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Algunas personas llegan a modificar físicamente sus cuerpos mediante hormonas, depilación del vello corporal e incluso cirugía para feminizar o masculinizar sus cuerpos. El objetivo de estos cambios es lograr un aspecto más femenino (si es hombre) o masculino (si es mujer), sin llegar a la operación de cambio de sexo porque no tienen conflicto con su sexo biológico. No quieren cambiar de sexo, sino tomar una apariencia física acorde a su propia expresión de la identidad de género que desean, como es el caso de un alto porcentaje de los Kathoey tailandeses. En estos casos se habla de personas "transgénero", individuos que tienen aceptado el sexo con el que han nacido, pero se sienten a disgusto con el género propio de su sexo, así que reniegan de su género y prefieren manifestar el contrario y llegan a modificar su físico. Es decir, son hombres que deciden ser femeninos o mujeres que deciden ser masculinas.

Aunque no se da en todos los casos, las personas transgénero, si bien se sienten a gusto con sus órganos sexuales pélvicos externos, porque además los consideran fuente de placer, han decidido expresarse socialmente con el género opuesto al que les fue asignado al nacer.

En algunos sectores de la comunidad trans ha empezado a utilizarse recientemente el término crossdresser (acotado: CD) para designar a aquel que, independientemente de su orientación sexual, cambia de ropas y aspecto adoptando los del otro género, pero sin identificarse con éste excepto durante el tiempo que dure la experiencia travestista. Por contraposición, un travesti es la persona que se siente identificada con el género al que cambia en todo momento, incluso si está vestido con su ropa habitual, en tanto que un transexual es la persona que no se siente identificada con el género que se le asignado "legalmente" al nacer. La diferencia entre estos términos proviene, por tanto, del grado de identificación que el sujeto tiene con el género al que se cambia.
Travestismo y orientación sexual
En el DSM IV aparece en la lista de los trastornos sexuales y de la identidad sexual dentro de la sección relativa a las parafilias como fetichismo transvestista (302.3) y el diagnóstico no puede hacerse en los casos en los que el transvestismo aparece en el transcurso de un trastorno de la identidad sexual.

El trasvestismo puede ser un antídoto para la ansiedad o la depresión que ayuda al individuo a obtener una sensación de paz y tranquilidad.

El grado con el que el individuo se trasviste depende del hábito corporal y su habilidad. Puede hacerlo tanto de manera ocasional y en solitario como involucrarse completamente en la subcultura trasvestista.

Algunos llevan una sola prenda femenina de ropa interior o lencería escondida bajo su atuendo mientras que otros prefieren vestirse y maquillarse como mujer.

En el caso descrito por el DSM IV, que sólo se da en varones heterosexuales con un aspecto completamente masculino, el individuo guarda una colección de ropa femenina que utiliza para trasvestirse y así masturbarse, con lo que se siente al mismo tiempo el sujeto masculino y el objeto femenino de su fantasía sexual. Esa prenda puede ser un objeto erótico en sí mismo y utilizarse luego de la masturbación para tener relaciones sexuales heterosexuales.

En general, aunque empieza en la infancia o en la adolescencia, el vestirse de mujer no se hace en público sino hasta que el individuo es adulto.

En ocasiones puede tener relaciones homosexuales, pero no necesariamente.

El sexólogo alemán Magnus Hirschfeld señaló, en su obra clásica Die transvestiten (1910) algo que posteriores estudios han confirmado: que el travestido es casi siempre de orientación heterosexual, aunque algunos travestidos pueden ser bisexuales y más raramente homosexuales. El travesti busca expresar el lado femenino de su personalidad. Considera que su rol social masculino se lo impide y necesita recurrir a la ropa femenina para ello. De la feminidad suele destacar los rasgos de suavidad, elegancia y belleza.

En las mujeres el significado del travestismo es también una cuestión política y no una fantasía masturbatoria. El uso de vestimenta masculina ha sido considerado una grave violación de los mandamientos divinos por parte de las mujeres mucho antes de ser condenado por la ley civil y jurídica: 

Una mujer no se vestirá de varón y un varón no se pondrá ropa de mujer, y el que lo hace es una abominación a los ojos de Yahvé. (Deuteronomio 5 (22-5)
Ya a partir de la Edad Media la práctica del travestismo en las mujeres fue considerada por la Iglesia una subversión de la política de la distinción de los sexos y acarreaba el peligro de una destrucción de la moral ya que cualquier transformación de nuestra apariencia humana significa desfigurar la obra divina.

Desde Juana de Arco hasta George Sand el travestismo femenino ha tenido históricamente más de reivindicación política que de fantasía sexual. Vestirse de varón, para una mujer, significaba una gran rebeldía.


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